¡Vuelve el Blog de Antonio orozco el día 2 de marzo!
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Biografía

Todo empezó hace 33 años en el patio interior de un bloque modesto de L’Hospitalet, en Barcelona. Allí, los gritos de los abuelos “que los tenía abajo” y de los tíos “que estaban más pa abajo” y de la otra tía “que estaba en frente” y del otro tío “en el piso de al lado” se confundieron con el sonido de sus primeros acordes. Allí las primeras palmas y las primeras guitarras. Allí, la infancia, las Navidades, las semanas santas y toda la vida. Palmas y lágrimas, rimas y primas, canciones, colegas, reuniones, y niñas y niñas.

Me acuerdo de mi padre, que era un hombre que escuchaba mucha música flamenca. Todavía guardo vinilos de él. Habichuela, Morente, los Carmona. Y luego de Camarón, Mairena y luego ya grupos más moderno. Como Triana, Medina Azahara.

El cielo de la infancia se mueve deprisa. Antonio fue una niño superdotado y versátil, tan rápido con sus piernas, como desequilibrante con su cintura e imprevisible con sus manos. La aventura de la música empezó con sentido del humor.

Recuerdo mi primer grupo, claro que lo recuerdo. Nos llamábamos Shivari

¿Shivari? ¿Qué significa eso?

Un compañero mío decía: “Bueno en realidá el grupo ze llamaba Cibarita. Pero le quitamos la ta, y se quedó Sivari” –se ríe-. Era un grupo de esos rocieros, para ir tocando por los pueblos, por las peñas y por la feria de abril, ese rollo. Me acuerdo perfectamente de mis compañeros: Toni “el Lenteja”, Carlos Delgado “el Chato”, José María Martínez “el Coleta”, Oscar “el Osquilla” y Antonio Orozco “el Caracol”

¿El Caracol?

Si, porqué cuando me ponía a tocar la guitarra me quedaba con la lengua hacia afuera, así, todo embobao, y se me caía la baba. Y me llamaban el Caracol los hijos de puta” dice cariñosamente.

Se lo pasaban en grande. Fueron aquellos días heroicos, cuándo todavía eran capaces de conjugar las noches de fiesta con las mañanas de partido de fútbol. Jugaban todos en el Can Vidalet. Luego la vida les pasó por encima. Que si uno se fue a la mili, el otro dejó a una embarazada. Y entre bombos, boinas y otros estertores del crepúsculo adolescente…¿Qué le pasaría a Antonio?

Recuerdo que estuve 12 o 14 días en la mili.

¿Lo que tardaste en escaparte?

Qué va, qué va. Yo era de los que querían hacer la mili a toda costa. Y en 48 meses a ser posible(Se parte de risa). Pero me pilló una alergia a los ácaros súper fuerte y un militar decidió que yo estaba incapacitado para hacerla. Yo ya estaba allí en Cartagena. Y tuve que volver. Entonces me acuerdo que vino mi padre con una de sus frases solemnes.
Recuerdo que me dijo: “Antonio, hijo, claramente has nacido con una flor en el culo. Así que coge los papeles y vete otra vez al colegio a ver si acabas la puta FP de una vez”. Y me fui a acabar la FP por las tardes. Por las mañanas me dedicaba a hacer palés de sal, en una fábrica del puerto. 18 mil kilos de sal y yo ronroneando por los túneles de calor de la fábrica”

Le olían las manos a sal. Y las piernas. Y el pelo. Estaría más salao que nunca Gracias a aquel trabajo se compró su primer coche: un Seat Panda de segunda mano.

Recuerdo que pagué mis 18 o 20 letras, Me costó 225 mil pesetas. Y justo cuándo me quedaban dos me robaron el coche y me lo empotraron. Y me quedé con cara de idiota, sin coche y pagando las letras que faltaban

Que te estampen el coche duele como si te estamparan otra cosa, pero lo cierto es que no fue un accidente suficiente como para desposeerle de la flor en el culo. Él quería ser músico. Y después de los primeros escarceos se lo tomó mucho más en serio.

Recuerdo a mi primer maestro. Se llamaba Romero de Badajoz. Me dio a mí ocho o diez clases de flamenco. Y cuándo hube aprendido todas las variantes y todos los acordes, pues tiré de oído. Básicamente porque en mi casa no había dinero para que yo me pusiera a estudiar música, las cosas como son.

El sueño del fútbol le proyectó hasta orillas del Barça. Pero el latido de la música se le salía del pecho. Y se llevó por delante al escudo del club. Así que prefirió dejar de dar patadas para darle más fuerte a la guitarra, a las palmas y a los colegas.

Recuerdo que el Barça coincidió con los primeros conciertos. Y entonces hubo que sacrificar el deporte, y dejar paso a la música y al trabajo. Empecé en una empresa de informática y me pasé cuatro años de mi vida cableando redes. Me iba muy bien, empecé a viajar mucho. Me llamaban ingenieros de Pirelli para montar sistemas únicos de amplificación de fibra óptica. Y luego ya pasé a hacer laboratorios importantes. Cosas muy chulas hasta que monté una empresa de informática.

Entonces su vida conoció el primer barranco profundo: la muerte de su padre

Recuerdo que me quedé muy hueco. En todos los sentidos. Dejé mi empresa y me fui a Mallorca a trabajar a otra. Vieron un gran potencial comercial en mí. Luego vinieron temas de cobros no pagados y me volví de nuevo a la Península para trabajar en una empresa danesa.

Su padre ya no estaba, pero sí sus sabios consejos, sus frases premonitorias, aquel diagnóstico solemne que detectó una flor en su trasero. Vaya si estaban. Antonio se había convertido en un informático que trabajaba para la empresa que mejor ha destilado, ecualizado y proyectado el sonido para equipos de música: Bang&Olufsen, pionera y líder mundial en el sector.

Recuerdo que estaba allí, en Bang&Olufsen un día, cuándo tenía 28 años, y vino un tipo y me preguntó por un tal Antonio Orozco. Le dije que lo tenía delante de él. Me preguntó que si yo era el Antonio que hacía música. Y le dije que sí. Yo no le había mandado nada, le llegó. Era Xavi Pérez. Hoy es el productor de todos mis discos.

Antonio todavía estaría un año y medio más en la empresa, mientras grababa su primer disco. Hasta el día que su productor apareció en la oficina, sus noches todavía seguían iluminadas por conciertos en salas pequeñas. Las reventaba. Sin parar: siempre se comió los escenarios. Llegó un momento que ganaba tanto dinero tocando en bares como en su trabajo. Fue sacar el primer disco y ya no parar. Hoy tiene su propio sello que, además de sus cuatro discos, también avanza con paso firme hacia el descubrimiento de talentos que dan escalofríos de buenos que son.

Nosotros, desde Darlalata, nuestra oficina, estamos moviendo proyectos muy interesantes. Diego Martín acaba de ganar su primer disco de oro. Y esperamos que suceda lo mismo con otro artista muy potente que está con nosostros: Pedro Javier Hermosilla.

La flor en el culo se le ha desplegado sin parar. Justo cuándo sus estrofas se derramaban por vez primera por los surcos de un vinilo, la industria discográfica parecía derrumbarse. Antonio salió a la luz cuándo las voces del Apocalipsis sacudían el mercado. Y desde entonces su cancionero no ha dejado de crecer. Ha conocido a los más grandes y hoy artistas muy importantes están en la agenda de su móvil. Ha desfilado cerca de los precipicios más vertiginosos del éxito. Y si no se ha resabalado, si ha sido capaz de mantener el equilibrio y hasta de ganarse un lugar en la posteridad, ha sido, en parte, gracias a uno que ya no está, y a otra que sí, aunque su extraordinaria nobleza parezca de otro sitio. La que un día le dijo que estaba mucho más guapo trabajando en Bang&Olufsen que haciendo discos. A un sitio iba con corbata y al otro con los tejanos raídos.

Mi madre lleva 33 años limpiando la casa de la misma familia. Y a día de hoy es viuda y no ha consentido dejar de trabajar. La mejor manera de tener los pies en el suelo es que cada día, cuándo me despierto, sé que mi madre se ha levantado a las 7 de la mañana.


Héctor Castells.
Periodista.